martes, 18 de octubre de 2011

Tiempo de verano... en otoño


Este verano interminable desanima a cualquiera. La vegetación de nuestros bosques grita abrasada pidiendo agua pero parece que aún tendrá que esperar una semana más por las esperadas lluvias. En el norte de la península las cosas son apenas un poco mejores. Tras unos meses de julio y agosto irregulares con frío y tiempo desapacible, se asentó un verano sofocante cuando lo que tocaba era bajada de temperaturas e inicio de la temporada de lluvias. Así llevamos prácticamente mes y medio y la vegetación está agotada. 
Por cualquier parte que nos hemos desplazado el color amarillo se impone y arboles como el castaño o el roble, que empiezan a tornar sus verdes en ocres a principios de noviembre, están a estas alturas del año perdiendo sus frutos y secándose por la falta de agua y las elevadas temperaturas. También las fuentes se secan y los animales han de realizar trayectos más largos para beber.


Afortunadamente la vida es obstinada y seguirá pese a este cambio climático que parece asentado definitivamente y con el que tendremos que aprender a convivir.
La extrema sequía que nos acucia también se traduce en dificultades para la fotografía de paisajes. Si bien es verdad que el fotógrafo aficionado a los bebederos habrá disfrutado gracias a la escasez de puntos de agua, el fotógrafo paisajista se ha enfrentado a verdaderos días de parón fotográfico salvo en las escasas horas del amanecer y atardecer. 


Incluso en estas horas de luz dorada los cielos ya se encontraban vestidos de calima y en muchas ocasiones de incendios que asolan varios de los mejores rincones naturales del oeste peninsular. Fuegos en Galicia, León, Avila, Zamora, la mayor parte de ellos provocados por no se sabe que oscuras razones y de los que los autores salen impunes por la dificultad de dar con ellos "con las manos en la masa".
En estos días de calor nos hemos refugiado en el agua y la montaña haciendo viajes a las zonas más forestales en las que encontrar un poco de fresco.



En concreto nos hemos acercado con nuestra canoa y un grupo de amigos hasta las mismas ruinas de un pueblo abandonado en las Hurdes, en la frontera entre Cáceres y Salamanca. Hasta allí hemos remado pernoctando bajo las estrellas para regresar al día siguiente buscando y disfrutando de cada hermosa revuelta en el camino que discurre el río Alagón hacia el sur.


Las ruinas visitadas son los restos de una alquería abandonada a causa de la construcción del embalse que anegó, como siempre, las tierras  más fértiles y acabo con el modo de vida de la gente de allí. Si bien es verdad que la existencia en las Hurdes siempre ha sido penosa, con estas grandes obras de infraestructura se han desmantelado enclave únicos de gran valor ecológico en los que reinaba una cultura auténticamente adaptada el la medio en el que se desenvolvía.











 Todas las imágenes realizadas con Canon Eos 5d II y objetivos Canon

 © Francisco M. Martín - Imágenes Naturales





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