domingo, 17 de febrero de 2013

Vida y muerte

Hace tiempo que por diversos motivos no actualizaba el blog. La situación del país y los derroteros que está tomando "gracias" a la gestión de los que lo gobiernan no infunden nada de optimismo y menos aún en una profesión tan difícil como la de fotógrafo de naturaleza. Ya el periodismo está siendo fuertemente atacado por la crisis, con despidos y bajadas de sueldo salvajes. Más aún la fotografía de naturaleza freelance que está sometida a los caprichos de los medios de comunicación más pendientes de otras areas que de la divulgación de los valores naturales.

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Tampoco ayuda a actualizar el blog la escasez de tiempo durante los cortos días de invierno con pocas horas de luz. En esta estación prefiero estar en el campo disfrutando lo más posible fuera, en la naturaleza, y cuando llego a casa y vuelco las fotos realizadas, pronto se hace la hora de pensar en las tareas del día siguiente y desconectar por cansancio.

Sin embargo, la primavera acecha a la puertas de la fría Castilla y en este invierno anómalo de altas temperaturas y lluvias fuertes pero escasas nevadas, he revivido nuevos proyectos que no pude afrontar el año pasado por falta de tiempo. Ya iré mostrando datos de otros mamíferos que he ido localizando y los proyectos sobre su fotografía.
Pese a los nuevos proyectos no he podido tampoco abandonar a mis familias de zorros, en primer lugar porque me muevo siempre por esa zona en busca de nuevos datos y en segundo lugar por la continuación del proyecto buscando nuevas imágenes que no he conseguido finalmente por los motivos que os contaré más adelante.
En mis charlas con alguno de los amigos el tema ha sido recurrente. 
¿Cómo están?, ¿los sigues avistando? ¿Y los cachorros?

Canon EOS 5d Mark III y Canon EF 70-200 f2,8 L IS USM II más convertidor Canon 1,4x III
Tras la desintegración de los grupos familiares se produjo un fuerte descontrol con grandes movimientos de los juveniles que pronto desaparecieron. De hecho desde julio o agosto del año pasado no he vuelto a ver ningún juvenil por la zona pese a que contaba con la esperanza de poder controlar al menos los movimientos dispersivos de alguno de ellos.
Los adultos sin embargo, mantuvieron con cierta flexibilidad sus territorios pero dejándose avistar de vez en cuando por la zona.
Hay que recordar que de las tres hembras que logré controlar el año pasado sólo quedaban dos. La zorra número dos había desaparecido perdiendo su camada en favor de la zorra número uno y nunca logré recuperar su rastro por lo que deduzco que se ha muerto aunque no he encontrado sus restos.


El macho era visto con frecuencia en la pradera cazando roedores y escarabajos pero desde finales de septiembre, en el inicio de la temporada de caza, no le he vuelto a ver. En un principio pensé que era también un momento adecuado para la dispersión pero fueron pasando los días y la sospecha de su pérdida se ha ido afianzando. Tenía la secreta confianza de poder disfrutar de un celo de este individuo y poder al menos en la distancia, ver una cópula pero estamos en febrero y el celo del zorro está acabándose, si no se ha terminado ya y no he conseguido ver al macho ni a ningún otro por la zona.
De las dos hembras que quedaban, la número uno y la tres, la enfermedad de la número tres fue remitiendo y había recuperado por completo su pelaje invernal haciendo que fuera muy difícil distinguirlas entre sí, tanto sólo por un delicado movimiento de sus patas ya que a la número tres le gustaba levantar una de sus patas delanteras como si fuera un perro de caza, actitud que casi nunca vi hacer a la número uno.
En el mes de agosto perdí durante quince días el rastro esta zorra número tres pero pronto la localicé desplazada un poco más al norte de su territorio habitual. Los contactos visuales eran semanales y pese a la ausencia del macho la tranquilidad reinaba en la dehesa. 
Sin embargo, a mediados de enero dejé de nuevo de avistar a la número tres, en plena temporada de caza. Hay que puntualizar que en la dehesa que me muevo no se caza pero evidentemente los zorros tienen un territorio que excede esta propiedad por lo que podía ser que se hubieran desplazado fuera de la zona que controlo o que hubiera tomado contacto con algún cazador, con las consecuencias que esto conlleva.
Hacía, por tanto,  unos quince días que no veía a la zorra número tres y en este intervalo la zorra número uno había ido perdiendo pelo de la cola y los cuartos traseros recordándome la enfermedad pasada por la otra zorra.
Finalmente hace una semana acudí con un buen amigo veterinario para intentar avistarlos y ver si era posible localizar un macho o al menos a la otra zorra, la número tres.

Canon EOS 5d Mark III y 70-200 f2,8 L IS USM II
Tristemente tras nuestro trabajo de campo acabamos localizando muerta a la zorra numero tres. La situación de los restos no permite, con los medios de que disponemos, determinar la causa de la muerte por lo que no sabemos si ha sido muerte natural o causada por otros motivos. La localización de los restos, semiescondidos en el tocón de una encina, me  induce a pensar que no ha sido muerte natural pero bien puede haber sido transportada una vez muerta de causas naturales.
La temporada por lo tanto se presenta, de nuevo con las expectativas centradas en una sola hembra aunque aún no he podido comprobar si hay un macho en el territorio, por lo que no se si está preñada o no.
Os iré contando en próximas entradas.

Canon EOS 5d Mark III y 70-200 f2,8 L IS USM II